APRENDER A HABLAR
“Mi hijo Pablo acaba de cumplir un año pero todavía no es capaz de emitir ni una sola palabra, todo lo pide por gestos o emitiendo sonidos ¿Es normal o podría tener algún problema? Siempre he pensado que el habla es algo primordial para su aprendizaje ¿Qué podría hacer para ayudarle a hablar?”
Tal y como tu has pensado siempre, sí es cierto que la facultad para hablar está íntimamente asociada con la inteligencia, y su importancia para el desarrollo de ésta es fundamental, ya que el lenguaje juega un papel importante en la formación de conceptos y es un elemento clave de la comunicación e interacción interpersonal.
Por término medio, los niños empiezan a hablar entre los 7 y los 15 meses de edad; generalmente, el hecho de que tengan un retraso en el habla no es señal de alarma, pues cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo.
Se considera que existe un verdadero retraso en el lenguaje cuando el niño no es capaz de decir ninguna palabra una vez cumplidos los tres años de edad. Así que en principio, no tendrías el porqué preocuparte por nada.
Algunas recomendaciones generales para ayudar a tu hijo a aprender a hablar son:
- Hablarle constantemente; el silencia no le enseña a comunicarse.
- Hablarle pausadamente, con palabras sencillas, evitando usar palabras o frases deformadas o usando diminutivos de forma indiscriminada.
- No corregirlo diciéndole que lo hizo mal, sino dándole el modelo correcto de lo que quiso decir.
- Mantener el contacto visual con él mientras se le habla.
- No presionarlo, pues la adquisición del lenguaje es algo natural y cada niño tiene su propio ritmo.
MOTIVACIÓN
“Siempre he premiado a mi hijo de tres años con alguna golosina cuando tras pedirle una determinada tarea, como recoger los juguetes, me ha obedecido y la ha llevado a cabo correctamente. Ahora una amiga me dice que tal vez esta forma de actuar no sea la correcta. ¿Estoy actuando mal con mi hijo?”
Hay dos maneras distintas mediante las cuales un niño puede ser motivado por sus padres para poder llegar a alguna meta o afrontar un desafío: la motivación extrínseca y la motivación intrínseca.
La primera consiste en premiar al niño con dinero, dulces, etc. (como tú haces con tu hijo) o castigarlo, regañarlo y retirarle privilegios, como no ver la televisión, dependiendo de si ha logrado, o no, un objetivo.
Por el contrario, en la motivación intrínseca, el niño desarrolla su propia motivación –motivación interna- cuando los padres refuerzan o premian la habilidad y/o el esfuerzo que haya puesto en la actividad realizada.
Está demostrado que los mejores resultados se obtienen siempre mediante la motivación intrínseca. La motivación extrínseca es contraproducente en el sentido de que un control exagerado puede debilitar la capacidad de los niños para confiar en sí mismos, en sus opiniones y juicios sobre su trabajo. Mientras que la motivación intrínseca, al animarlos, premiar su esfuerzo e impulsar su autonomía les lleva a mostrar mayor curiosidad e interés por aprender.
SUJETAR EL LÁPIZ AL ESCRIBIR
“Mi niña Alba tiene dos años y medio y empieza a dibujar e intentar escribir su nombre ¿Es importante la manera de sujetar el lápiz al escribir?”
Sí, los niños deben aprender a sujetar el lápiz en la forma adecuada incluso antes de aprender a escribir, ya que esto favorece una coordinación correcta de sus movimientos, con lo que el niño puede hacer una letra más legible y en un menor tiempo. Tomar el lápiz apropiadamente facilita la coordinación de todos los músculos necesarios para escribir.
Se recomienda que, desde que los niños realizan los ejercicios preparatorios para la escritura, se les invite a sujetar el lápiz con los dedos pulgar e índice en forma de pinza, apoyándose en el dedo medio. Sin embargo, hay que respetar el desarrollo personal de cada niño y no presionarlo para que realice actividades que para él aún son difíciles.
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